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18 de Diciembre de 2016

El pistacho: la revolución del campo manchego


Del total de 15.000 hectáreas cultivadas en España en 2016, 12.000 (un 80%) se extienden por Castilla-La Mancha

El pistacho llegó a Europa en los primeros siglos de nuestra era procedente de Oriente Medio, siendo actualmente Irán el principal productor con casi 500.000 toneladas en un año. Sin embargo, este fruto seco está ganando cada vez más terreno —y no es una forma de hablar— en España y sobre todo en Castilla-La Mancha, compitiendo a nivel europeo con Grecia e Italia.

Los datos son contundentes, ya que la superficie de pistacho ha crecido en España en casi 5.000 hectáreas y en Castilla-La Mancha, en 3.000, durante este año. Y es que del total de 15.000 hectáreas cultivadas en el país en 2016, 12.000 hectáreas (un 80%) se extienden por Castilla-La Mancha, seguida de Andalucía, con 1.600 hectáreas.

Si Castilla-La Mancha es un referente en producción de pistachos en España, Ciudad Real es la provincia líder con diferencia, ya que es la más representativa dentro del sector. Ha liderado la extensión de hectáreas dedicadas a este cultivo en 2016, con más de 5.000. De hecho, la importancia del pistacho para Ciudad Real es tal que cuenta con un centro sobre este cultivo pionero en toda España: el departamento de investigación de leñosos del centro agroambiental «El Chaparrillo», ubicado en la capital ciudadrealeña.

«Parece ser que la superficie se ha disparado y que la gente se ha quitado el miedo a un cultivo nuevo, como el pistacho». Quien así habla es Francisco José Couceiro, responsable de ese departamento de «El Chaparrillo», dependiente de la Consejería de Agricultura. Este especialista califica la situación que vive este cultivo, sobre todo en Castilla-La Mancha, como una «revolución agronómica como muy pocas veces ha sucedido en España».

El responsable de este departamento recuerda que el pistacho comenzó a plantarse en 1996 en España y veinte años después hay una superficie cultivada de 15.000 hectáreas, por lo que cree que «las expectativas son muy buenas gracias al esfuerzo del sector».

De hecho, señala el responsable del centro «El Chaparrillo», el cambio climático es un factor que ha beneficiado al cultivo del pistacho en Castilla-La Mancha, ya que el pistachero es un árbol pequeño desértico y que tiene una alta tolerancia al suelo salino. Por eso, la apuesta de los productores ha sido con vistas a largo plazo porque, en opinión de Couceiro, «el agricultor tiene que darse cuenta de que se trata de una inversión de futuro y con una estabilidad de precios superior a la de otros productos agrícolas».

Pero la importancia de este cultivo no solo se ha dejado notar territorialmente, sino también económicamente. «El sector del pistacho se convertirá en los próximos años en uno de los motores económicos de la agricultura castellano-manchega», asegura Couceiro, quien cifra en unas 1.000 toneladas anuales la producción de este fruto seco en la región. La cosa no se queda ahí, ya que el sector facturó en 2015 unos 10 millones de euros, una cantidad que representa un incremento del 30% con respecto a 2014 y se prevé que vaya aumentando de año en año, según datos de la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha.

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Firma del convenio entre el IRIAF y Nuevos Cultivos S.L.

Fruto de esa apuesta por este cultivo, la semana pasada otro de los responsables del centro «El Chaparrillo», Esteban García Romero, director también del Instituto Regional de Investigación Agraria y Forestal (Iriaf), firmó un convenio de colaboración con Carlos Suárez Morales, uno de los principales comercializadores nacionales de pistacho y dueño de «Nuevos Cultivos S.L.», para financiar la investigación de este fruto seco.

Esta empresa ha sido la primera en toda España que apuesta por la colaboración público-privada, por lo que se ofrece a dar entre 5 y 10 céntimos de euro por kilogramo de pistacho procesado para la investigación de este cultivo en el Centro de Investigación Agroambiental (CIAG) del Chaparrillo. «Y a partir de aquí, cuando vaya sumándose dinero y a medida que se vayan uniendo más empresas, si se da el caso, se pondrán en marcha nuevas líneas de trabajo», señala Couceiro.

En este sentido, el director general del Iriaf está buscando ahora financiación para poder desarrollar un clon seleccionado del patrón autóctono denominado «cornicabra» o «terebinto», y además adaptar en Castilla-La Mancha nuevas variedades de pistacho procedentes de otros países. Según explica, este tipo de iniciativas están siendo muy bien acogidas por numerosos agricultores de la región, que optan por este cultivo porque les ofrece una rentabilidad a medio y largo plazo, beneficio difícil de conseguir con cultivos más tradicionales, como la vid, el olivo y los cereales.

De hecho, en «El Chaparrillo» se vienen realizando desde hace años multitud de acciones formativas, divulgativas y de apoyo directo a los cultivadores, aparte de los trabajos de investigación. Tal es así, subraya García Romero, que el centro se ha visto desbordado este año ante un interés, «sin precedentes», por este cultivo. Más de 700 personas han asistido a los 8 cursos de poda e injert, ha crecido el número de consultas y también el de agricultores extranjeros que visitan el centro, procedentes en su mayoría de Italia y Portugal.

Marca «Pistacho Manchego»

Sin embargo, la firma de este convenio no es el único impulso que el Gobierno de Castilla-La Mancha quiere dar al pistacho, ya que el pasado lunes su consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo, enumeró una serie de cuestiones que pueden beneficiar a las 17 empresas del sector que existen en la región.

En primer lugar, la apuesta por una marca colectiva «Pistacho de Castilla-La Mancha» o «Pistacho Manchego». En segundo lugar, una interprofesional regional para este cultivo ya que, explicó, «es necesaria porque hace que todos los eslabones de la cadena alimentaria tengan rentabilidad». Y, por último, teniendo en cuenta que es un cultivo que los primeros años no es rentable, dijo que están trabajando con las entidades financieras para poner a disposición de los agricultores préstamos a bajo interés pero, sobre todo, con 6 o 7 años de carencia, lo que permitirá, en su opinión, que empiece a producir y sea rentable.

Todo esto demuestra que el pistacho se ha quitado la cáscara en Castilla-La Mancha y se exporta a los mercados más exigentes de Europa, demandantes de calidad y producción ecológica. Así que no olviden buscar en las estanterías de su supermercado los pistachos de la tierra.